La voz que acompaña

Cómo un gesto humano puede marcar la diferencia en el cuidado de los pacientes

Desde que soy enfermera, he querido ayudar a las personas con mi experiencia, mi formación y mi vocación. Siempre he creído que el sentido del oído es el último que se pierde, y esta convicción —que parte del corazón— también está respaldada por la ciencia.

Estudios recientes, como uno publicado en Scientific Reports por investigadores de la Universidad de British Columbia (Blundon et al., 2020), han demostrado que el cerebro puede seguir procesando estímulos auditivos incluso en estados de inconsciencia profunda. A través de electroencefalogramas, se observó que pacientes en fase terminal aún mostraban actividad cerebral frente a sonidos familiares. Esto sugiere que el oído puede mantenerse activo hasta los últimos momentos de vida.

Con esta evidencia y mi intuición como enfermera, tomé una decisión que marcaría una diferencia real.

Un paciente, una familia, una oportunidad

Mientras cuidaba a Xavier Ollé, un paciente en coma con múltiples complicaciones por COVID, recordé estos estudios sobre la importancia del estímulo auditivo. Fue entonces cuando surgió una idea sencilla, pero profundamente humana:

  • Pedí a sus hijos que grabaran audios contándole cosas cotidianas y positivas, como que iban a tener un bebé.
  • Reproducía estas grabaciones cerca de su oído, especialmente durante momentos críticos, como intentos de desintubación o cuando no respondía a otros estímulos.
  • Observaba con atención cualquier tipo de reacción, como cuando Xavier apretó la mano al escuchar la voz de su hijo o cuando su cuerpo mostró señales de respuesta justo después de oír los audios.

¿Qué impacto tuvo?

🧠 Fisiológico
💭 Psicológico
❤️ Familiar y emocional
👩‍⚕️ Profesional y humano

A pesar de su estado crítico, Xavier mostró reacciones físicas y emocionales al escuchar las voces de sus seres queridos.

Tras despertar del coma, relató haber tenido sueños repetitivos y angustiosos que luego pudo vincular con el entorno de la UCI. Esto sugiere que, aunque en coma, su cerebro seguía procesando estímulos auditivos.

La experiencia fortaleció el vínculo entre la familia, el paciente y el equipo de salud. La comunicación fue posible, incluso en condiciones extremas.

Para mí, fue una manera de ejercer la enfermería desde lo más esencial: el cuidado. No solo técnico, sino también profundamente humano.

Reflexión y futuro: ¿puede la voz sanar?

Aunque esta experiencia no forma parte de un protocolo oficial, abre la puerta a considerar el uso de estímulos sensoriales —especialmente auditivos— como herramientas terapéuticas en las unidades de cuidados intensivos.

Esta práctica se alinea con otras intervenciones complementarias, como el uso de música en quirófanos para reducir el estrés o acelerar la recuperación postoperatoria.

Todo lo vivido sugiere que el cuidado emocional y el vínculo humano pueden tener efectos reales incluso en estados clínicamente críticos. Esta experiencia es un ejemplo de cómo la ciencia y la empatía pueden trabajar juntas en beneficio del paciente.

Cierro los ojos y escucho

La iniciativa con Xavier reafirma que el oído es uno de los últimos sentidos en perderse durante estados de inconsciencia profunda, como el coma inducido por COVID o por otras afecciones graves. En ese contexto, la voz humana —especialmente la de un ser querido— puede convertirse en un ancla, una guía y una esperanza.

Enfermería también es esto: cuidar con la ciencia en una mano y la empatía en la otra.

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